Cualquier día puede ser el mejor día de tu vida, al menos eso muchos optimistas afirman; argumentan a través de complejas formas de vida en la práctica, pero muy fáciles en la oratoria, y te seducen fácilmente. Así da gusto, ¿quién no quiere tener el mejor día de su vida? Mejor aún, esto lo podemos transcribir por: ¿Quién no quiere ser feliz? Pues muchas personas, desgraciadamente. Miles de personas a lo largo y ancho del globo dejan llevarse por el pesimismo y el amparo de la precariedad de la confianza en uno mismo y el bienestar. Cierto es que más arduo camino es el de las cosas bien hechas y conseguir lo buscado, pues muchas veces se encuentra obnubilado, casi onírico y mucamo de nuestros actos, terminando en un efluvio de díscolos sueños difíciles de domeñar. No pretendo dilucidar nada con tal exégesis de dicha amalgama ni tan poco espero que ni con la primera ni con la última lectura de esto saquen nada en claro, pues carece de sentido el texto en su totalidad y tan solo refleja algo ulterior e inherente a un sentimiento que arde cual sempiterna tea clavada en mi pecho.
Todas estas palabras vacías están,
Mas secreto significado tienen.
Ayer te vi.
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