Siempre nos dejamos dominar por la mente, le damos a menudo la razón al cerebro y rara vez hacemos caso al corazón; todo lo que queremos o deseamos tiene que estar sujeto a unas normas inexistentes, al qué dirán, al cómo será mañana. Lo curioso es que estas mismas medidas las tomamos solo cuando alguien o algo es realmente importante, mientras que lo efímero, lo fatuo, lo realmente desechable se lleva el gato al agua y me preocupa que sea así; la vida no se forma a partir de ese momento “clave” tan solo, todas las pequeñas decisiones que tomamos, hasta la más ínfima y estúpida, se hacen inherentes a tu “yo” del mañana, o mejor dicho, a tu yo del “ahora”.
「Incluso estos cereales de chocolate que me estoy comiendo afectan, de un forma u otra, a mi vida」
Creo que el corazón debería dirigir tu vida y no la razón, la manipuladora cabeza que te manda y te obliga "el mejor camino" para la felicidad que probablemente en desdicha se convertirá tan solo por calcular cosas que la razón no entiende.
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